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Plasencia-Vizcaya: recuerdos del pasado, obstáculos del futuro

estadio placentino | viernes, junio 01, 2018 |

Sánchez Marín y Uriona, fallecido en 2014, de visita en 2008.
Juan Carlos Ramos (Hoy) / Plasencia y Vizcaya protagonizan una de esas relaciones extrañas que dan forma al fútbol añejo, el de la copa de Soberano y el de las fotos en blanco y negro. Es, en resumen, una historia de amor bien avenida que llevó a las más altas cotas de gloria de la Unión Polideportiva Plasencia en sus 78 años de historia. Y por mucho que pueda sonar grandilocuente, los unionistas de mayor edad no dudarán en afirmar que ningún otro fútbol ha causado tanto impacto en el club placentino como el fútbol vizcaíno. 

Este domingo, por primera vez, la UPP se medirá oficialmente a un equipo vizcaíno, el Portugalete. Tantas cosas que agradecerles. pero eso sí, como diría David Durántez, con el cuchillo entre los dientes. Está en juego el pase a la eliminatoria definitiva por el ascenso a Segunda B. 

Una relación de amor que comenzó a gestarse cuando el árbitro placentino Jesús Sánchez Marín partió a tierras vascas en 1968 para trabajar como profesor de Educación Física. Se enroló en el Colegio Vizcaíno de Árbitros y llegó a militar en Segunda División. Entre medias, no perdió las amistades de su 'patria chica' y jugó un papel fundamental para captar a jugadores y entrenadores para la UPP. Paco Gil e Higinio Batuecas, otrora llamados secretarios técnicos -ahora directores deportivos-, fueron sus interlocutores. 

Los primeros en llegar, muriendo la década de los setenta, fueron Jesús Manuel Urbiola y Amazaga, procedentes del Bilbao Athletic. «Estuvimos a punto de traer a Argote, pero justo cuando estábamos negociando le llamaron de Lezama», recuerda Sánchez Marín. 

Uno de los siguientes en llegar fue Miguel Ángel Sainz, actual preparador de porteros de la UP Plasencia. Era alumno de Sánchez Marín en Santurce y uno de los ojitos derechos de Iñaki Sáez en Lezama. Cuando logró la carta de libertad, el 'agente' extremeño le convenció para viajar a Plasencia casi en edad juvenil. «La oferta futbolística era atractiva y en aquellos tiempos se pagaba bien», señala Sánchez Marín. 

La UPP quiso seguir construyendo su identidad vizcaína y a partir de 1981 cedió la titularidad de su banquillo a dos míticos entrenadores vascos: Manuel de Nicolás (81-83) y Alberto Uriona (83-86 y 91-92). Ambos curiosamente fallecieron hace cuatro años. Ambos bilbaínos, pero en las antípodas el uno del otro. 

Manuel de Nicolás -que hizo debutar a Iríbar en el Basconia en Segunda- era de gusto más exquisito, pero le faltaron mimbres para competir en el grupo 10 de la Tercera que abarcaba Extremadura y Andalucía Oriental. Bajo su mando y el 'scouting' de Sánchez Marín siguieron llegando jugadores vizcaínos como el portero bilbaíno Jon García, el musquense Alberto Biota, el trapangadar Luis Merayo (DEP) o el ortuellano José Díaz 'Pepeo', al que un año después en el Betis le invitaron a cambiar el nombre por la guasa que ese apodo conllevaría. «A Pepeo le tocó hacer la mili en Cáceres, pero por mediación mía y un teniente conseguimos que finalmente la hiciera en Plasencia y pudiera jugar en la UPP», revela Sánchez Marín 35 años después. 

Pero fue con Alberto Uriona cuando el Plasencia dio el definitivo salto de calidad. Convirtió a la UPP en un equipo vasco compitiendo en una liga extremeña. Brega, lucha, verticalidad y un martillo pilón sobre el barro. En la primera temporada salió subcampeón; en la segunda, campeón y ascenso en Alzira. 

Y claro, cómo no, siguieron llegando futbolistas vizcaínos. Son los casos de Lucio -cuya exquisitez no comulgó con Uriona-, el sestaotarra José Luis Villanueva o Jesús Garitano 'Ondarru', hermano de Ánder Garitano y tío del técnico Gaizka Garitano y al que aún se recuerda como uno de los mayores delanteros que ha tenido la UPP. «Fueron dos años maravillosos, sobre todo el primero, por el ascenso. Mi hija Sandra es placentina y es el mejor recuerdo que tengo de la ciudad», dice Ondarru. 

Con la marcha de Uriona y la llegada de Paco Melo a finales de los ochenta, la UPP empezó a perder sus conexiones vizcaínas. Siguieron llegando futbolistas del norte, pero no con la misma frecuencia. Por ejemplo, el sestaotarra Oribe, el meta bilbaíno Mikel Huidobro, el baracaldés Aitor Bidaurrázaga o los laterales Asier o Iker Garai. Y también, el técnico de Mugía Javier Bermúdez.

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